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    Aurora Catà, presidenta de Barcelona Global, analiza qué papel jugará el talento en el nuevo contexto que se generará tras la pandemia.

    Aurora Catà es la presidenta de Barcelona Global, una asociación privada formada por más de 200 empresas, centros de investigación, personas emprendedoras, escuelas de negocios, universidades e instituciones culturales referentes de Barcelona. Desde la entidad se trabaja para convertir la ciudad en una de las más atractivas a nivel mundial para atraer el talento y la actividad económica.

    ¿Qué papel debe jugar el talento en la Barcelona post-Covid?

    En el siglo xxi el talento juega un papel muy diferente y fundamental. Como dice Michael Bloomberg: “El talento atrae al capital de forma más sostenible que el capital al talento”. Esto ocurre porque en la economía y la industria de la tecnología, donde todo viaja a través de la red, el talento es el que decide dónde quiere vivir y dónde quiere estar. Por lo tanto, en este siglo tiene un papel esencial y es el driver principal por el que compiten muchas ciudades en el mundo.

    En el escenario post-Covid esto aún se acentúa más porque la recuperación, que yo creo que será rápida e intensa, generará mucha más capacidad económica si sabemos atraer al mejor talento. Este momento post-Covid es una oportunidad única para atraer más talento y aprovecharlo.

    Con la irrupción del teletrabajo durante la pandemia, ¿se producirá una descentralización del talento a nivel global?

    Ya se ha producido. Pongo dos ejemplos de los Estados Unidos. Muchas personas se han trasladado a vivir a Miami por la calidad de vida que ofrece y por su fiscalidad. Y también se han experimentado movimientos de San Francisco a Austin; uno de los más sonados es el de Elon Musk, fundador de Tesla. A esto hay que sumar el fenómeno de los nómadas digitales, que son personas que están viviendo en Málaga y trabajando para una empresa de Irlanda, o que viven en Barcelona y trabajan para una empresa de Londres. El teletrabajo ha acelerado aún más esta tendencia.

    Fruto de esta descentralización, ¿a partir de ahora las ciudades para atraer el talento deberán ser atractivas para las personas por el tipo de vida que pueden ofrecer?

    Ponía antes ejemplos de los Estados Unidos, pero en Europa también existe competencia entre ciudades como Amsterdam, Londres, Berlín, Barcelona o Milán. Y esto sucede porque con el talento vienen las oportunidades, viene la actividad, viene el crecimiento y la innovación.

    La calidad de vida es el elemento más complicado de tener porque está condicionada por el entorno, la localización, y te puede marcar a favor o en contra. Pero no es el único, también influye la oferta cultural, la vivienda asequible, la educación o que tengas universidades y escuelas para acoger el talento internacional. Todos estos factores también son muy importantes para influir en la decisión de dónde quiere vivir el talento. Y la fiscalidad es otro tema esencial.

    ¿Cuáles son las tres principales fortalezas que tiene Barcelona para atraer talento?

    La calidad de vida es un factor muy importante; junto con la localización y la conectividad: Barcelona tiene una ubicación privilegiada, ya que se encuentra a poco más de una hora en avión de todas las capitales europeas. Además, tiene el ADN emprendedor y los sectores consolidados de la ciudad, que son polos de atracción para el talento.

    ¿Qué debe mejorar Barcelona para atraer aún más talento internacional?

    La fiscalidad, sin duda, es un punto que pesa mucho. En España estamos a la cola de los países europeos en este sentido. No se trata de ser un paraíso fiscal, se trata de ser competitivos en cuanto a la fiscalidad respecto a países como Portugal, Francia o Grecia, para atraer talento y emprendedores. Si no jugamos bien esta carta, perderemos oportunidades. Por ejemplo, en el caso de Lisboa, está atrayendo a mucho talento al que nosotros no somos capaces de ofrecerle las mismas condiciones.

    En segundo lugar, los trámites. Somos un país tremendamente burocrático, las administraciones a todos los niveles lo hacen muy difícil, desde el coste y el tiempo para dar de alta una empresa hasta el coste, el tiempo y la incertidumbre para disponer de un NIE. Y, por último, la educación en inglés. Nos tenemos que plantear seriamente que desde la primaria hasta la universidad existan alternativas asequibles para que aquí pueda venir gente a estudiar en catalán, castellano e inglés.

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